Nube que éramos
No es ruindad el relámpago
ni sus monstruos
ni el breve paso en la llanura, soltá a los pájaros, dijo
cuando la nube se disolvía en deidades dobles.
La tragedia es lamentar la almohada rota,
cada cual su almohada
si se ha urdido el canon, la sonata, el mezquino beso, la total calumnia, la ley,
el beso todo, los suicidios,
ella
con el olor a laurel en su costilla.
Y que nos incendie
esta torpeza de limonero y escarcha, una piedra en el silencio tu voz
este engarce maquinario
a fuego y fuego,
la mirada vulgar que nos dicta la armonía del laberinto.